Acuicultura de Salmón

La acuicultura del salmón es una granja factoría trasladada de la tierra al mar. Al volar por la costa chilena hacia el sur de Puerto Montt, uno no puede dejar de observar las balsas jaulas de crianza de salmones, donde millones de salmones atlánticos no nativos son criados en el mar. De la misma manera que las operan las granjas factorías en la tierra, los salmones son tratados con antibióticos y consumen alimentos con colorantes artificiales para darles el color rosa. Más o menos un 98 por ciento de la producción se dirige a los mercados de exportación.

Debido a regulaciones muy laxas, la industria ha crecido en Chile de forma explosiva (800 por ciento desde 1990), convirtiéndose en un negocio multimillonario y dominado por unas pocas corporaciones. Los efectos negativos, más allá de introducir especies no nativas a las aguas de Sudamérica (cada año, grandes cantidades de peces escapan de las jaulas), incluyen contaminación y proliferación de enfermedades. La progresiva industrialización de esta industria, ha ido dañando las costas que anteriormente fueron intactas, con poca información científica sobre los impactos que ha ido causando.

En la década de los 90, The Foundation for Deep Ecology otorgó varias becas a grupos conservacionistas que luchaban contra la expansión de la acuicultura del salmón en la costa de British Columbia, Canadá, incluyendo a Friends of Clayoquot Sound y la Fundación David Suzuki. Además, la FDE ayudó a financiar uno de los primeros estudios sobre los efectos a nivel local de la acuicultura del salmón en Chile. Los resultados publicados en 2006 en el Journal of Marine Systems por un trío de biólogos independientes asociados a universidades chilenas e irlandesas, informaron sobre “altos niveles de degradación ecológica y de contaminación” en las áreas próximas a las instalaciones de producción de salmón en el Fiordo Pillán.

Los conservacionistas chilenos afiliados a Ecoceanos, Oceana South America, Greenpeace Chile y otras ONG’s están trabajando para contrarrestar los peores abusos industriales. Activistas de la Fundación Pumalín han dado apoyo a estas campañas, cuando ha sido posible, y organizó un encuentro de líderes activistas chilenos en 2007 junto a opositores a la acuicultura provenientes de EE.UU., Canadá, Argentina, Noruega, Escocia e India. Esta pequeña cumbre, financiada por The Conservation Land Trust y realizada en el Parque Pumalín, fue llevada a cabo para mejorar la comunicación entre activistas que a menudo están batallando actividades destructivas similares realizadas por las mismas corporaciones en distintos continentes. Además, la Fundación Pumalín participa en el Foro Pacífico Patagónico, un foro de las ONG’s chilenas enfocadas en la protección del mar, donde comparten información y coordinan sus campañas en contra de la degradación de los ecosistemas marinos.

Activistas conservacionistas chilenos han estado prediciendo por mucho tiempo el inevitable brote de enfermedades debido a las prácticas de la industria; la industria salmonera chilena tuvo su mayor colapso en el 2007 con grandes brotes de piojos marinos y un virus contagioso—la anemia infecciosa del salmón— que ha matado una gran cantidad de salmones. Es posible que la enfermedad haya llegado a Chile por medio de huevos de pescado importados de otros continentes, de áreas donde la enfermedad ya estaba presente, siendo este otro ejemplo de como las industrias globalizadas basadas en el monocultivo pueden afectar los ecosistemas naturales en la Tierra.

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