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El Legado de Doug Tompkins

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Doug Tompkins (izquierda), Rick Ridgeway (centro), y el fundador de Patagonia Yvon Chouinard durante la filmación del documental “180 Grados de Latitud Sur” de 2010 en Chile. Foto proporcionada por Conservación Patagónica.

Por Rick Ridgeway, 15 de diciembre de 2015.

Rick Ridgeway, uno de los amigos más cercanos del fundador de The North Face y conservacionista sobrevivió al volcamiento del kayak que mató a su amigo de toda la vida. En este artículo, Rick reflexiona sobre su terrible prueba, sobre el entierro de su amigo, y sobre los regalos perdurables que Tompkins deja tras de sí.

En estos días, desde que nuestro amigo y mentor Doug Tompkins perdió su vida en un accidente de kayak, hemos recibido una avalancha de condolencias de miles de personas de todo el mundo. Hemos podido palpar el sentimiento de pérdida de personas que nunca conocieron a Doug.

Hace pocos días, en la sede de Tompkins Conservation en la ciudad chilena de Puerto Varas, celebramos un servicio para Doug al que asistieron personas provenientes de todo el país y de la Argentina.  Kris, su esposa, abrió la ceremonia y habló en español de su infinito amor por Doug, el amor de ambos por la naturaleza y su profundo compromiso con la protección de la naturaleza y de la vida salvaje, así como del trabajo de los dos por proteger, y posteriormente donar, dos millones de acres de terreno al pueblo de Chile y de Argentina – y a todos nosotros. Kris habló con dignidad y entereza, con una fuerza emanada desde un lugar muy dentro de ella que nunca le habíamos visto. Le dio toda su fuerza a cada frase y a cada párrafo. Hablaba, se detenía, respiraba, y con cada respiración recobraba fuerza para seguir con una fuerza aún mayor que ninguno de nosotros le había visto nunca.

Al día siguiente, viajamos en un avión privado llevando el cuerpo de Doug hacia el sur hacia el Parque Patagonia cerca de la ciudad de Cochrane. Las nubes empezaron a abrirse y apareció frente a nosotros por sobre las nubes la cumbre del cerro San Valentín, la cumbre más alta de la Patagonia. Kris se dirigió a la cabina, y nuestro piloto y amigo cercano, Rodrigo, rodeó la montaña a poca distancia. Fue un espectacular último vuelo para Doug.

El Parque Patagonia empezó con la compra de una gran estancia ovejera, y el cementerio que era parte de esa estancia es ahora parte de las construcciones e infraestructura del nuevo parque. Enterramos a Doug en este cementerio. Las decenas de trabajadores y amigos presentes cargaron alternadamente el féretro de Doug, un ataúd simple pero impecablemente tallado en madera de alerce por el personal que trabajó toda la noche para terminarlo, en una larga procesión que partió desde el querido avión Husky de Doug, estacionado frente al hermoso restaurant de piedra, y que se prolongó siguiendo el camino de tierra que va desde la hostería hasta el cementerio.

Kris nuevamente mostró su entereza e hizo un sentido tributo a Doug y al equipo chileno que estaba reunido. Después de que bajaron a Doug en su tumba, Kris, con gran solemnidad y dignidad, arrojó flores sobre su ataúd, entonces, uno a uno, todos nosotros en procesión echamos un puñado de tierra sobre la tumba.

El viaje empezó como una navegación a remo de cuatro días por una zona lejana del lago General Carrera, en la Patagonia chilena. Éramos seis en este viaje en dos kayak para una persona y dos kayak dobles. Entre todos nosotros teníamos mucho más que cien años de experiencia conjunta. Pero Doug y yo también teníamos un kayak doble con un timón quisquilloso. Durante el tercer día de navegación, un viento de costado cada vez más fuerte generó condiciones desafiantes y con nuestro timón defectuoso Doug y yo no pudimos evitar una ola que nos volcó.

Supimos inmediatamente que estábamos en una situación grave. Como el viento y la corriente nos empujaban hacia el interior del lago, no teníamos cómo saber si nuestros compañeros de los otros botes, que estaban delante de nosotros y fuera de nuestra vista pasada una punta que habíamos estado tratando de rodear, sabían de nuestra difícil situación. Nos dimos cuenta que teníamos alrededor de treinta minutos para sobrevivir. El agua tenía una temperatura quizá de 4 ó 5 grados Celcius. Tratamos cuatro veces de enderezar el bote y remar sin lograrlo, el viento y las olas eran demasiado fuertes para mantener el equilibrio y el bote estaba demasiado lleno de agua. Finalmente, tuvimos que decidir si tratábamos de nadar o si permanecíamos con el bote volcado. El bote, empujado por una corriente perpendicular, flotaba a la deriva hacia el centro del lago. Permanecer en el bote nos ponía en una situación aún más difícil por no decir imposible.

Decidimos abandonar el bote y empezamos a nadar hacia la punta. Era difícil y me di cuenta que nadando contra la corriente, sería prácticamente imposible alcanzar la punta. El tiempo también estaba en contra nuestra. Yo iba cada vez más despacio e incluso con el chaleco salvavidas era empujado hacia abajo por las olas más grandes. Podía ver a Doug y suponía que estaba en la misma situación. Empezaba a sufrir de hipotermia y a ahogarme. Por unos pocos minutos sucumbí y me deje estar pero me repuse. Entonces vi a nuestros compañeros remando hacia nosotros contra el viento, que ahora alcanzaba alrededor de 40 nudos con ráfagas mucho más fuertes de 50 nudos y más (algo así como 90 km/h, lo que después confirmaron las mediciones meteorológicas del lago ese día).

Dos de nuestros compañeros, Jib Ellison y Lorenzo Álvarez me alcanzaron en un kayak doble. Me colgué a una lazada de la popa, aún en el agua, mientras ellos remaban contra el viento para alcanzar un remolino detrás de la punta. Entre las olas y el viento, no había caso de que tratara de subirme al bote. Tuve que sacar fuerza desde lo más profundo, creo que nunca había llegado tan lejos. Me pareció una eternidad. Me enfoqué en mis manos y en sujetarme a la lazada hasta que me di cuenta que estaba en una roca. Entonces perdí el conocimiento y lo siguiente que recuerdo era estar al lado de una fogata.

Doug no tuvo tanta suerte. Nuestro otro compañero, Weston Boyles (que había estado remando con Yvon Chouinard pero que lo dejó para tratar de rescatar a Doug) hizo un esfuerzo supremo para tratar de llevar a Doug hasta un lugar seguro pero no pudo vencer la fuerza del viento y la corriente. Doug aguantó otra media hora, pataleando lo más que podía, pero perdió el conocimiento. Weston arriesgó su propia vida para mantener la cabeza de Doug fuera del agua mientras luchaba por alcanzar la orilla. Pero cuando llegaron a la orilla, Doug sufría una hipotermia demasiado severa para sobrevivir.

Durante los días siguientes, días que parecen años, haber “sobrevivido” ha sido un tema que cada uno de nosotros se ha planteado independientemente de los demás. Específicamente, nos hemos dado profundamente cuenta de que Douglas Rainsford Tompkins sobrevive, más fuerte que nunca, dentro de nosotros. Él nos impulsa, recordándonos que “ningún detalle es demasiado pequeño”, inspirándonos a “comprometernos y resolverlo “, ayudándonos a darnos cuenta que el primer compromiso es con la belleza porque de la belleza surge el amor, y sólo con amor podemos esperar acercarnos a su inagotable tenacidad por proteger lo bello y salvaje.

Después de arrojar el último puñado de tierra sobre la tumba de Doug, una de las lugareñas que había venido a presentar sus respetos, una mujer mayor pero enérgica, se subió al muro de piedras que rodea el cementerio, levantó su puño hacia el cielo y gritó con fuerza ¡Patagonia sin represas!. Toda la multitud repitió la llamada a las armas: ¡Patagonia sin represas!.

La antorcha sigue prendida y el fuego aún brilla con fuerza.

Rick Ridgeway es el Vicepresidente de Compromiso Público de Patagonia y autor de seis libros. Su pasión por el montañismo y la exploración lo han llevado por todo el mundo, incluyendo la cumbre del K2 donde participó en el primer equipo estadounidense en escalar la cumbre en 1978.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de Patagonia, la Cleanest Line el 15 de diciembre.

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Douglas Tompkins: Una Fuerza de la Naturaleza

Kris and Doug Tompkins

Douglas Rainsford Tompkins, de 72 años, uno de los conservacionistas más importantes del planeta, murió el martes 8 de diciembre de 2015 después de un accidente en kayak en el Lago General Carrera en la Patagonia chilena. A través de las organizaciones sin fines de lucro que fundó junto con su mujer, Kristine McDivitt Tompkins, los Tompkins compraron cerca de 890.000 ha de tierras para la conservación, formando parte de la reserva natural privada más grande del mundo, el Parque Pumalín en el sur de Chile. Gracias a su defensa persuasiva y la donación de tierras a los sistemas de parques de Chile y Argentina, los Tompkins han ayudado a crear cinco nuevos parques nacionales en Sudamérica, además de expandir otro, y cuyos esfuerzos continúan para establecer varios más. Su trabajo para la protección de parques, y sus proyectos de campos orgánicos, le han otorgado a Douglas Tompkins varios honores.

Montañista con primera ascensión en distintos continentes, Douglas Tompkins fue conocido como el emprendedor que fundó la compañía de ropa deportiva, The North Face, y cofundó la empresa Esprit junto a su primera mujer, Susie Tompkins (Buell). Después de dejar el mundo de los negocios “para pagar el arriendo por vivir en este planeta,” como solía decir Tompkins, el empresario-convertido-en-conservacionista pasó los últimos veinticinco años de su vida viviendo en Sudamérica. Por medio de un conjunto de organizaciones de filantropicas (ver Tompkinsconservation.org), trabajó para crear parques, comprar y restaurar campos degradados, y ayudar a propiciar el activismo por la conservación.

Al ser ciudadano estadounidense, sus adquisiciones de tierra y activismo por el medio ambiente fueron a veces un tema controversial en su nuevo hogar, a pesar de que haya trabajado con dos presidentes chilenos de diferentes partidos políticos para establecer parques nacionales, y haya sido similarmente exitoso en Argentina. Su participación en la campaña que duró 7 años para prevenir un enorme proyecto hidroeléctrico que planeaba represar los ríos silvestres de la Patagonia chilena fue fundamental. Esa lucha finalmente fue ganada gracias a la tenacidad de los oponentes a la represa y el financiamiento y los aportes estratégicos de Tompkins.

Profundamente influenciado por el filósofo noruego, Arne Naess, Tompkins fue partidario de la “ecología profunda,” con la convicción de que un medioambientalismo superficial y reformista estaba destinado a fallar. Solo a través de cambios estructurales profundos en la sociedad y la adopción de una ética ecocéntrica por la tierra—la creencia de que los seres humanos son más bien miembros de la comunidad por la vida y no sus dueños—puede la humanidad lograr revertir su precipitación hacia lo que Tompkins solía describir como “el basural de la historia.” Siendo también un fuerte crítico hacia la mega tecnología, Tompkins dedicó un financiamiento considerable para apoyar la crítica de la tecnología, y fue ampliamente leído en la literatura de este campo.

En esencia un activista por la naturaleza y su belleza, Tompkins poseía un amor indescriptible por el mundo natural que exploraba en sus paseos escalando montañas y remando en kayak. Logró combinar esta devoción con un sentido estético refinado que se refleja en los apuntes de los edificios que diseñó a través de los años en sus proyectos de parques y restauración de campos. Después de haberle “hecho trampa” a la muerte tantas veces en riesgosas expediciones de escalada en algunos de los lugares más remotos del planeta, Tompkins estaba disfrutando de un paseo en kayak con sus amigos en el segundo lago más grande de Sudamérica cuando el kayak en que navegaba se volcó precipitándose a sus correntosas y heladas aguas de las que fue rescatado luego de una hora de tremenda lucha, en un intenso esfuerzo de sus compañeros y un piloto de helicóptero local, con una hipotermia severa de la que no se pudo recuperar y que finalmente le provocó la muerte unas horas después en el Hospital de la ciudad de Coyhaique, capital de la Región de Aysén.

La noticia de su muerte ha sido recibida con pesar y conmoción en la sociedad chilena y con miles de muestras de reconocimiento y afecto por su ejemplo de vida, su compromiso ambiental y legado de conservación reflejado en las áreas protegidas que ha dejado. La Presidenta de la Republica, Michelle Bachelet, declaró luego de su deceso. “EL fue un hombre innovador y generoso en la protección del patrimonio natural del planeta…su obra es de importancia global y su verdadera vocación fue la filantropía. Habla de una mirada de gratitud hacia los otros y sobre todo de compromiso hacia las generaciones que vienen. Desde un comienzo Douglas Tompkins dejó en claro que los parques y santuarios que él tenía en Chile pasarían a ser bienes públicos, como ya lo hizo con el Parque Yendegaia. En nombre de Chile le queremos agradecer su espíritu ecologista y visionario”, expresó.

Douglas Tompkins ha dejado atrás a su querida esposa, Kristine Tompkins; a su madre, Faith Tompkins, y hermano, John C. Tompkins de Millbrook, NY; a su hija, Summer Tompkins Walker, su nuero, Brooks Walker, y a sus hijos, Brooks Thomas Walker, Della Walker, y Susie Kate Walker de San Francisco; a su hija, Quincey Tompkins Imhoff, su nuero, Dan Imhoff, y sus hijos, Gardner y Willa Imhoff de Healdsburg, CA.

Información de contacto: Tompkins Conservation (415) 229-9339

Tom Butler, tbutler@gmavt.net

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Donación de 15.175 hectáreas de El Rincón para mmpliar el Parque Nacional Perito Moreno

Convirtiéndose en una de las donaciones de tierra más grandes de la historia de Argentina, hoy día Doug y Kris Tompkins donaron la Estancia El Rincón al sistema de parques nacionales de Argentina en una recepción formal realizada en Buenos Aires. Ubicada en la Provincia Santa Cruz, la propiedad de 15.175 hectáreas de El Rincón va a expandir el Parque Nacional Perito Moreno. Dentro de El Rincón se encuentra el Valle del Río Lácteo, por donde se puede llegar a la impactante, y aun no escalada, ladera sur de San Lorenzo, la segunda cima más alta de la Patagonia. Sus muros de granito e icónica silueta piramidal lo convierten en el “Everest” de la región. De esta manera, los escaladores y excursionistas de todas partes del mundo ahora tienen la oportunidad de explorar este valle y probar su suerte con esta cima emblemática, si se atreven.

Doug Tompkins visitó El Rincón por primera vez en 1992 para buscar rutas en la ladera sur del San Lorenzo, considerado uno de los más grandes desafíos en los Andes de la Patagonia. Recuerda su primer encuentro con esta propiedad: “Visité el Parque Nacional Perito Moreno por primera vez en 1992, para explorar la ladera sur del Cerro San Lorenzo. Mi plan era volver después para hacer un primer intento en este muro, el más grande y quizás el más difícil de todos en los Andes de la Patagonia. Entramos al parque por el sur y empezamos a caminar al norte hacia la cima, cruzando el Valle del Río Lácteo, el cual se encuentra afuera de los límites del parque. Para nuestra sorpresa, nos dimos cuenta de que la parte más espectacular de la zona por alguna razón había sido excluida del Parque Nacional. Mis compañeros de excursión y yo teníamos la sensación clara de que esta propiedad tenía que ser comprada e integrada al Parque Nacional. Un año y medio después, tuve la oportunidad de comprar la Estancia El Rincón, lo cual hice con la intención expresa de donarla algún día al sistema de parques nacionales”.

Como dijo Kris Tompkins esta mañana, “Esta donación ha estado en trámite por un tiempo, en gran parte debido a que tomó un largo tiempo acordar los detalles de su uso en el futuro y la zonificación dentro de esta nueva sección del parque. Finalmente podemos quedarnos tranquilos de que nuestra visión para esta tierra quedó designada de manera permanente a través de los documentos legales de donación, y ahora la podemos dejar ir. Este es un gran día para nosotros.”

La expansión del Parque Nacional Perito Moreno sigue los pasos de la donación que hizo Conservación Patagónica de la Estancia Monte León a los parques nacionales argentinos para establecer el Parque Nacional Monte León, así como también la contribución que hizo The Conservation Land Trust de tierras privadas para crear el Parque Nacional Corcovado de Chile. Esta donación hoy día representa un hito fundamental en nuestro plan de donar todas nuestras propiedades de conservación al sistema de parques nacionales de sus respectivos países.

Estamos felices de poder compartir esta noticia y esperamos que algún día tengas la oportunidad de visitar el Parque Nacional Perito Moreno, sin duda uno de los parques nacionales más hermosos de Argentina.

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Conexiones entre continentes para la conservación

Los paisajes inusuales y los nuevos modelos que se crean para protegerlos otorgan conocimientos invaluables para salvar el entorno que forma nuestro hogar. Los paseos para visitar distintos proyectos de conservación sirven para combinar el trabajo con la entretención, donde se adquiere una perspectiva de gran valor y se hacen conexiones nuevas. En Junio y Julio, Doug y Kris viajaron al Serengeti y Namibia para visitar unos colegas de conservación, y observar una espectacular variedad de vida silvestre.

Una de las últimas paradas de su viaje fue en el Cheetah Conservation Fund (CCF), una organización dedicada a salvar las chitas silvestres, las cuales enfrentan la creciente presión del desarrollo sobre el medioambiente. Kris conoció a Laurie Marker, la fundadora y CEO de CCF, hace años atrás, pero nunca antes había tenido la ocasión de conocer su trabajo de conservación de chitas en acción. Cuando Laurie supo que Doug y Kris iban a venir a Namibia, les pidió que se presentaran como invitados especiales y dar un discurso en la décimo cuarta Gala Anual de CCF, en Windhoek, Namibia. La gala, titulada “Making Strides for Cheetahs,” hizo honor a los Namibios involucrados y a los trabajadores y voluntarios del Cheetah Conservation Fund que están a la vanguardia de la conservación de chitas.

Kris y Doug estuvieron encantados de participar como invitados especiales para hablar en el evento. Contaron su historia sobre la conservación e hicieron un llamado apasionado a la audiencia para que tomen el trabajo de conservación y filantropía con dedicación.

Quizás el punto más destacado de todo el viaje fue cuando Kris exclamó,

“Ayer con Laurie Marker en Namibia, ¡estaba en el paraíso!”

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